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Messi se despide de Argentina con gol y homenaje ante más de 85 mil aficionados

LA JORNADA /


Nota publicada: 2026-10-07

Buenos Aires. Lionel Messi jugó por última vez para Argentina. El capitán y protagonista de las mayores alegrías en la historia de su selección se despidió oficialmente en el estadio Monumental de Buenos Aires, rodeado de banderas, camisetas conmemorativas, fuegos artificiales y las estrofas de un himno especialmente conmovedor, interpretado por un ex combatiente de la Guerra de las Malvinas. Su último acto dejó un sabor a despedida en la victoria sobre Benín (3-0), la sensación de que chicos y grandes perdieron al dueño de su cielo albiceleste. Fue el cierre de una historia que sobrevivió a derrotas, frustraciones y hasta una ruptura, pero que terminó convertida en uno de los vínculos más profundos del futbol mundial.

Atrás quedaron las épocas en que la gente pagaba fortunas por ver a un Messi cuestionado: decían que no cantaba el himno, que no sentía la camiseta y que parecía más español que argentino por su historia en el Barcelona. Sin embargo, aquel chico escurridizo y de pelo largo, apodado La Pulga, alcanzó un nivel tan alto que parecía que los aviones le pasaban por un lado. Ganó dos Copas América (2021 y 2024), la Finalísima (2022) y el Mundial de Qatar, devolviéndole la gloria a su país por primera vez desde la hazaña de Diego Maradona en México 1986.

A partir de ahora, pocos se animarán a pronosticar cuándo la Albiceleste volverá a llenar un estadio para un encuentro amistoso. El interés sencillamente no será el mismo. Para el adiós del capitán, la Asociación del Futbol Argentino (AFA) organizó una fiesta de agradecimiento en el recinto del club River Plate, cuyas más 85 mil localidades se agotaron en menos de dos horas antes de enfrentar al combinado africano, un rival ubicado en el puesto 89 del ranking FIFA y sin apariciones mundialistas en su historia. Hubo tribunas atestadas, banderas gigantes y cánticos conocidos. “Olé, olé, olééé, Leeeo, Leeeo”, gritaron desde los chicos hasta los más grandes.

Emocionado desde el trayecto en autobús, el último acto del astro rosarino reunió a diversas figuras internacionales que lo acompañaron en su camino a la gloria. Horas antes de levantar el telón, la Universidad de Buenos Aires distinguió al 10 con su máximo título honorífico, el doctorado honoris causa, en el predio de la AFA. “Es un orgullo haberlo recibido”, expresó en conferencia de prensa el ídolo, quien en numerosas ocasiones admitió su pesar por no haber podido estudiar. A las afueras del recinto, decenas de seguidores desplegaron una enorme pancarta con su imagen y la leyenda: “La alegría de mi vida”, como si fueran portavoces de toda una multitud.

Reclamo histórico

Fabio Santana, ex combatiente de la Guerra de las Malvinas, se encargó de interpretar el himno nacional. La elección no fue casual: Argentina mantiene el reclamo histórico de soberanía sobre esas islas con Inglaterra. Tras el triunfo 2-1 en la semifinal del Mundial sobre los ingleses, varios futbolistas mostraron una bandera reivindicando la causa. Poco tiempo después, con la derrota incluida en la final contra España (1-0), comenzó a gestarse el adiós. Aunque miles pensaron que continuaría, la pérdida de su padre, Jorge, aceleró su decisión de no jugar más. “¿Qué más tiene que hacer para ser considerado el mejor de la historia?”, preguntó entonces el seleccionador argentino, Lionel Scaloni.

En las tribunas coincidieron camisetas de todas las épocas: la del Barcelona, la del título en Qatar, la del Mundial reciente en Estados Unidos, México y Canadá. Messi se conmovió con el himno, se le llenaron los ojos de lágrimas y contagió un nudo en el pecho a los presentes. Fueron 21 años, 208 partidos y 126 goles –cifras inalcanzables en la historia de la selección– con los que cerró un ciclo que comenzó en agosto de 2005. En la misma noche se despidió el defensor Nicolás Otamendi –autor del 1-0 (48), a pase del 10– mientras la generación encabezada por Cristian Romero, Enzo Fernández, Julián Álvarez y Lautaro Martínez asumió formalmente el relevo.

Nico Paz, integrante de esa nueva legión, firmó el 2-0 con un certero zurdazo, asistido por Messi (61). Pero faltaba el broche dorado, el truco final del mago. El árbitro señaló una falta sobre Agustín Gray, quien anticipó en el área al defensor Tamimou Ouorou, y el capitán del Inter Miami marcó de penal el 3-0 (71), el festejo más anhelado de la noche. Su adiós lo encuentra en la cúspide de su popularidad, a años luz de distancia de los tiempos en que se criticaba su rendimiento y se le comparaba severamente con Maradona. Nadie quería marcharse del Monumental sin guardarse su última sonrisa.

“Es difícil decir algo hoy, hay muchas emociones. Lo primero en lo que pienso es en mi viejo”, confesó La Pulga a pie de campo, micrófono en mano y rodeado por sus compañeros –la mayoría de ellos conmovidos hasta las lágrimas–, en el inicio de uno de los discursos más extensos de su carrera. “Fue un orgullo siempre para mí vestir esta camiseta, incluso en los peores momentos que hemos vivido. Les juro que me gustaría venir toda la vida. Jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar, pero siento que es el momento”.

“Los voy a extrañar”

Setenta y nueve días después de llevar a la Albiceleste a su tercera final de Copa del Mundo, el deportista con más títulos, más presencias y más goles con la camiseta nacional se despidió para siempre. “En el último Mundial fue demasiado lo que me tocó vivir. Estuvimos muy cerquita, no pasó nada raro como se dice”, subrayó. “Hoy me toca vivir el día más triste de mi carrera. Los voy a extrañar, pero ahora voy a estar de ese lado. Siempre unidos. Van a venir momentos duros, porque no es fácil lograr lo que se hizo. Pero, como le dije a ellos en la última charla, para hacer cosas grandes, hay que crear grupos fuertes”.



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