Nota publicada: 2026-10-05
Columbia. A la sombra de Washington, Bruce Springsteen y unos cuantos gigantes de la música tenían un mensaje para el mundo: “que los oigan en Washington”, animó.
The Boss interpretó varias canciones políticas durante su actuación como cabeza de cartel en el festival inaugural de protesta Power to the People, repleto de estrellas, en el Merriweather Post Pavilion de Columbia, Maryland, el sábado. Organizado por Tom Morello, de Rage Against the Machine, el festival buscaba celebrar “la paz, la justicia, la solidaridad, la música y la acción comunitaria”, según su declaración de misión, y promover la participación electoral.
Además, una parte de lo recaudado por la venta de todas las entradas beneficiará a las organizaciones VoteRiders y HeadCount.
Muchos de los artistas aprovecharon la ocasión para denunciar acciones recientes llevadas a cabo por el gobierno de Estados Unidos.
Por ejemplo, Springsteen abrió con Streets of Minneapolis, en respuesta a las muertes de Renée Good y Alex Pretti a manos de agentes federales de inmigración.
“El poder y la solidaridad de la gente de Mineápolis, de Minesota, es una inspiración para todo el país”, dijo al público, con entradas agotadas. “Su fortaleza y su compromiso nos dijeron que esto sigue siendo Estados Unidos, y que esto no se va a tolerar. Nos dieron esperanza. Nos mostraron valentía”.
En una de sus participaciones, uno de los impulsores del concierto, Morello, dijo: “Esta tierra no pertenece a los multimillonarios ni a los oligarcas. No pertenece a los racistas ni a los belicistas. No pertenece a los fascistas ni a los aspirantes a dictadores. Hermanos y hermanas, esta tierra nos pertenece a ustedes y a mí. ¡El poder para el pueblo”.
Para su segunda canción, apareció la emblemática estrella del folk Joan Baez, y ambos hicieron un dueto de Chimes of Freedom, de Bob Dylan. Más tarde, Springsteen, Morello, Dave Matthews y Nathaniel Rateliff unieron fuerzas para interpretar Fortunate Son, de Creedence Clearwater Revival.
Además de la música de protesta en el escenario, los seguidores entre el público llevaban camisetas con mensajes contundentes. “Los inmigrantes hacen grande a Estados Unidos”, decía una. “Reyes no”, “Nadie es ilegal en tierra robada”, “Que llegue el matriarcado”, decían otras.
Y en el recinto del festival se alzaba el Freedom Village, una zona en la que los asistentes podían interactuar con organizaciones sin fines de lucro como ACLU, Farm Aid, National Domestic Workers Alliance, Oxfam y otras.
Power to the People se anunció en mayo, aproximadamente al mismo tiempo que varios invitados musicales dieron a conocer que se retiraban de la celebración del 250 aniversario del vecino país del norte, “La gran feria estatal de Estados Unidos”, por los vínculos del evento con el presidente Donald Trump.
El concierto se colocó en firme oposición. El festival, de un día y dos escenarios, presentó un cartel repleto y cargado de bandas veteranas del rocanrol. También incluyó actuaciones de artistas como Dropkick Murphys, Jack Black, Serj Tankian, Killer Mike y The Linda Lindas.
Y, de manera conveniente, Power to the People se celebró un mes antes de las elecciones de mitad de legislatura.
“Creo que el momento sirve como recordatorio de que presentarse importa. No estoy aquí para decirle a nadie qué pensar ni cómo votar”, declaró Taylor Momsen a Associated Press, una de las artistas del festival. “Espero que la gente vaya sintiéndose conectada, inspirada a preocuparse por quienes la rodean, y recordando que todos tenemos un papel que desempeñar en nuestras comunidades. Si el festival puede crear esa sensación, creo que eso es una victoria”.
Los mensajes políticos llegaron rápido y con fuerza al evento. Uno de los primeros artistas del día, el rapero Grandson, interpretó una canción con el estribillo My president’s a felon antes de lanzarse a una versión de la protesta de la guerra fría de Bob Dylan, Masters of War.
Más tarde, una transmisión en vivo del festival Power to the People se interrumpió cuando Grandson presentó a dos actores que representaban a Jeffrey Epstein y a Trump, quienes se unieron a él en el escenario, conectados por una correa.
Otros artistas se centraron en un mensaje central del festival: dirigir a los asistentes hacia las organizaciones sin fines de lucro en la contigua Freedom Village y, más comúnmente, subrayar la importancia de votar en las próximas elecciones de mitad de mandato.
“Voten a nivel local dentro de 30 días”, dijo el rapero Killer Mike a mitad de su set. “Y exijan cuentas al (insulto) por el que voten –en juntas escolares, comisiones del condado… y cuando lo hagan, no tengan ni una pizca de miedo o vacilación, porque esta república la dirigen ustedes”.
Poco después de las 15 horas, el comediante Jack Black apareció en el escenario como “Jack Sabbath”, interpretando versiones de Black Sabbath con el respaldo de una banda de niños –incluidos los hijos de Morello y de Scott Ian, de Anthrax–, en algo que se mostraba tanto como un set de School of Rock en la vida real como un emotivo homenaje al fallecido y legendario Ozzy Osbourne. De hecho, el bajista de Sabbath, Geezer Butler, se unió a ellos en el escenario para War Pigs.
La actuación de Morello al inicio dela noche contó con Serj Tankian, de System of a Down, para un dueto de Like a Stone, de Audioslave, en honor al fallecido vocalista Chris Cornell. Fue el inicio de una tendencia: después de Tankian llegaron Chuck D, Run DMC y Flavor Flav para varias versiones; Morello y el vocalista de Foo Fighters, Dave Grohl, también abordaron Rock and Roll All Nite, de Kiss.
Baez, Rateliff y Matthews unieron fuerzas para la canción de protesta de Woody Guthrie, Deportees, antes de pasar a (Ain’t Gonna Let Nobody) Turn Me Around, de Baez.
Cuando se retiraban, Stephen Stills subió al escenario para interpretar For What It’s Worth, de Buffalo Springfield.
El festival, que Baez calificó de “magnífico antídoto”, concluyó con todos los artistas del día cantando This Land Is Your Land, de Guthrie –con todas sus estrofas originales–, así como Power to the People, de John Lennon.