Nota publicada: 2026-08-07
Casi cuatro décadas después del accidente nuclear de Chernóbil, científicos continúan investigando un organismo que desafía lo conocido sobre la vida en ambientes extremos: el hongo negro Cladosporium sphaerospermum, capaz de crecer en zonas con altos niveles de radiación.
Este microorganismo fue encontrado adherido a las paredes del reactor dañado y llamó la atención de los investigadores por su extraordinaria capacidad para sobrevivir en un entorno donde pocas formas de vida prosperan.
Especialistas explican que su característico color negro se debe a la gran cantidad de melanina que contiene. De acuerdo con investigadores, este pigmento no solo podría protegerlo de la radiación, sino también desempeñar un papel en el aprovechamiento de esa energía.
El interés científico comenzó a finales de la década de 1990, cuando un equipo liderado por la microbióloga Nelli Zhdanova documentó decenas de especies de hongos en el interior del refugio que cubre el reactor destruido, siendo Cladosporium sphaerospermum una de las más abundantes.
Posteriormente, investigadores del Albert Einstein College of Medicine estudiaron el comportamiento del hongo bajo radiación ionizante y observaron que presentaba una resistencia inusual e incluso un mejor crecimiento en determinadas condiciones.
A partir de esos resultados surgió la hipótesis de la llamada "radiosíntesis", un mecanismo mediante el cual la melanina captaría radiación ionizante y la transformaría en energía química para favorecer el desarrollo del organismo, de manera similar a como las plantas utilizan la luz solar durante la fotosíntesis.
Sin embargo, esta teoría aún no ha sido demostrada de forma concluyente. Investigaciones posteriores señalan que todavía se requieren más estudios para confirmar si el hongo realmente obtiene energía de la radiación.
El potencial de este microorganismo también despertó el interés de la exploración espacial. En 2022, una muestra de Cladosporium sphaerospermum fue enviada al exterior de la Estación Espacial Internacional para evaluar su capacidad de bloquear parte de la radiación cósmica.
Los resultados mostraron que el material biológico reducía parcialmente la radiación que atravesaba la muestra, lo que abre la posibilidad de desarrollar escudos biológicos para proteger a los astronautas durante futuras misiones de larga duración.
Aunque muchas preguntas siguen sin respuesta, el hongo negro de Chernóbil continúa siendo objeto de investigación por su extraordinaria adaptación a ambientes extremos y por las posibles aplicaciones que podría tener tanto en la ciencia como en la exploración del espacio.