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Universidades enfrentan el reto de educar en tiempos de inteligencia artificial

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Nota publicada: 2026-06-05

El uso de la inteligencia artificial en las universidades avanza más rápido que las reglas para regularla. Aunque 73 por ciento del alumnado desconoce si su institución cuenta con lineamientos claros para utilizar estas herramientas, 66 por ciento ya las usa de manera cotidiana.

De acuerdo con datos planteados por el doctor Luis Medina Gual, director de Innovación Educativa de la Universidad Iberoamericana, ocho de cada 10 estudiantes utilizan IA para generar textos y 80 por ciento considera que esta tecnología transformará profundamente la profesión que estudian.

Durante su participación en TEDx IBERO, el especialista en evaluación del aprendizaje y tecnologías aplicadas a la educación sostuvo que la llegada de la inteligencia artificial está obligando a las universidades a replantear qué significa aprender cuando una máquina puede producir respuestas en segundos.

Para Medina Gual, el principal desafío no es tecnológico, sino educativo. Más allá de preguntar cómo enseñar, cómo evaluar o cómo impedir el uso de estas herramientas, las instituciones deben hacerse una pregunta de fondo: para qué educar y en qué habilidades conviene formar a las nuevas generaciones.

El especialista recordó que los jóvenes han crecido rodeados de teléfonos inteligentes, plataformas digitales y acceso permanente a información. Esta realidad ha transformado la manera de aprender, relacionarse y construir conocimiento, por lo que las universidades necesitan adaptarse sin perder su misión esencial.

“La inteligencia artificial no nos está volviendo más inteligentes. La inteligencia artificial nos está obligando a custodiar la inteligencia humana”, señaló.

En este contexto, el reto de la educación superior no será competir con los algoritmos, sino fortalecer capacidades humanas que siguen siendo indispensables: formular buenas preguntas, desarrollar pensamiento crítico, analizar información, tomar decisiones responsables y comprender el impacto ético de la tecnología.

Medina Gual relató una experiencia en una clase de estadística, donde detectó en varios trabajos conceptos y estructuras que no habían sido abordados en el aula. Al preguntar al alumnado, la respuesta fue clara: habían utilizado inteligencia artificial.

En lugar de interpretar el caso solo como un problema disciplinario, decidió convertirlo en una oportunidad para reflexionar sobre el futuro de la educación. El episodio mostró que la IA ya forma parte del proceso de aprendizaje y que ignorarla no resolverá los desafíos que plantea.

La discusión para las universidades no debe limitarse a prohibir o permitir su uso, sino a enseñar a utilizarla con responsabilidad. Esto implica establecer reglas claras, formar docentes, orientar al alumnado y promover una cultura académica donde la tecnología sea una herramienta de apoyo, no un sustituto del pensamiento propio.

La inteligencia artificial puede ayudar a organizar ideas, generar borradores, explicar conceptos o acelerar tareas, pero también exige mayor criterio para distinguir información útil, detectar errores y evitar depender por completo de respuestas automáticas.

El futuro de la educación dependerá de cómo las universidades integren estas herramientas sin descuidar lo más importante: la formación de personas capaces de pensar, cuestionar, decidir y actuar con responsabilidad en un mundo cada vez más mediado por la tecnología.



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