• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

Candidatos nazis en el Partido Republicano de EE.UU.

LA VANGUARDIA DIGITAL /




Nota publicada: 2018-08-09

Washington, 08 de agosto del 2018.- Al Partido Republicano se le han colado unas cuantas manzanas podridas en la campaña para las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, conocidas allí como las midterm. Extremismo e intolerancia han resurgido en la arena política estadounidense de la era del presidente Donald Trump hasta el punto de que los defensores de la retórica del odio se postulan a cargos legislativos. Son la gran vergüenza del GOP, pero el partido conservador no ha sabido reaccionar a tiempo para detenerles.


En al menos cinco estados del país se presentan candidatos que se autodefinen como nazis, negacionistas del Holocausto o supremacistas blancos. Y si bien los republicanos se esfuerzan por desmarcarse, el daño podría estar hecho.


Son la gran vergüenza del GOP, pero el partido conservador no ha sabido reaccionar a tiempo para detenerles


Arthur Jones, miembro del Partido Nazi Americano que tilda el Holocausto de la “mentira más grande y oscura de la historia” , se ha convertido en el candidato republicano al Congreso para un distrito de Illinois. Russell Walker, que representa a los conservadores para la Cámara de Representantes de Carolina del Norte, anuncia en su página web que “Dios es un racista y supremacista”. Paul Nehlen se postula en Wisconsin para reemplazar al presidente Paul Ryan, pero es tan racista que Twitter le ha censurado sus mensajes. En Tennessee, hay el candidato republicano Rick Tyler, alguien que promete hacer “Estados Unidos blanco de nuevo”. Y en California, la perla es John Fitzgerald, otro antisemita que frecuenta portales de Internet neonazis y argumenta que el “multiculturalismo” es un complot judío.


Mientras el Partido Republicano lidia con el problema: renegando de sus incómodos representantes, retirándoles el apoyo o incluso llegando a pedir el voto para sus contrincantes demócratas; algunos expertos advierten que este año hay un número sin precedentes de candidatos fanáticos, y que el efecto Trump podría haberlo motivado.


“El uso poco ortodoxo del lenguaje racista y antimusulmán, propio del fanatismo, ha abierto una puerta en la política que antes no estaba abierta”, apunta para la agencia AFP Heidi Beirich, quien rastrea grupos promotores del odio desde 1999 para el Southern Poverty Law Center (SPLC). La organización ha publicado varios informes en los que relaciona la vorágine de violencia que vive el país norteamericano con el ascenso al poder del magnate neoyorquino.


“Siempre hemos tenido algunos neonazis… pero esto [el nuevo discurso político] está volviendo la situación mucho peor de lo que era antes”, señala la experta. Hasta hace poco, agrega, la abierta tolerancia de un candidato hubiera sido su “sentencia de muerte”, sigue Beirich, pero en el entorno político hiperpartidista de la actualidad, tal retórica puede representar no más que un factor de ruptura. “Derribando esos tabúes y ganando la presidencia, Trump ha mostrado un camino de éxito electoral que la gente asumía que no funcionaría”, argumenta Beirich.


Distancia con desgana


Los republicanos tratan de distanciarse de los radicales pero en ocasiones parece que no se esfuerzan lo suficiente. En Illinois, por ejemplo, tuvieron cuatro oportunidades para evitar que Jones, el nazi declarado, representara a su partido en un distrito de Chicago mayoritariamente demócrata. Según detalla el The Atlantic , Jones consiguió presentarse a las primarias republicanas porque fue puerta por puerta recogiendo firmas sin mencionar sus opiniones racistas. Ganó sin rival. Tras lo cual el partido perdió la última ocasión de desafiarle cuando le venció el plazo para presentar un candidato independiente.


Fue entonces cuando el senador republicano Ted Cruz se vio obligado a intervenir y pidió a los votantes en forma de tuit que apoyaran a un candidato por escrito –un sistema que permite elegir cualquier nombre que no aparezca en las boletas electorales- o apoyar al demócrata (Dan Lipinski). “Este tonto fanático debería recibir CERO votos”, escribió Cruz.


Está previsto que pierda, pero el precio que pagará la formación conservadora puede ser alto. “Es moralmente censurable, y creo que es realmente perjudicial para el partido. El tipo es un completo loco. Un nazi”, afirmaba a los medios por las mismas fechas un representante republicano de Illinois, David McSweeney. “Es un absoluto desastre político”, se lamentaba.


Con el resto de candidatos, la actitud sigue la misma tónica: un rechazo tardío. En Carolina del Norte, los políticos republicanos están encallados con Russell Walker, un ingeniero químico retirado que tiene una obsesión con los judíos (ya que, según él, “descienden de Satanás”) y defiende que Barack Obama es “genéticamente inferior”, entre otras barbaridades.


En agosto del año pasado, sonó su nombre a nivel nacional cuando le entrevistaron en televisión tras haber presentado una demanda para que la bandera confederada (vetada por considerarse racista) ondease en los tribunales de Carolina del Sur.

 
“Este es un distrito muy democrático, no lo pudimos controlar”, reconoció al medio VOX el presidente ejecutivo del GOP en el estado, Dallas Woodhouse. “No podemos evitar que se presente”, añadió. Pero sí han dejado claro que no representa al partido, y le han declarado persona non grata en eventos y oficinas del partido.


Tal y como expone la corresponsal en Washington de La Vanguarida, Beatriz Navarro, Trump está convirtiendo el GOP en un partido a su imagen y semejanza, donde las voces críticas a sus políticas dejan paso a los perfiles más populistas. Así lo reconoció un expresidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, el pasado mayo: “El partido republicano ya no existe. Sólo existe el partido de Trump. El GOP está durmiendo la siesta”. En las primarias celebradas hasta la fecha se palpa ese afán de demostrar a ver quién es más trumpista, a ver quién consigue el tuit promocional del presidente.


Hasta la fecha ninguno de los candidatos mencionados anteriormente ha recibido el apoyo directo y público de Trump, pero eso no quiere decir que no haya abrazado a republicanos controvertidos. Como Corey Stewart, un candidato republicano al Senado para Virginia vinculado a la nueva alt-right, venerador de los símbolos confederados, más “trumpista que Trump” (dicho por él) y propagador de una de las primeras fake news más sonadas de la derecha alternativa estadounidense: Que Barack Obama no era estadounidense. Stewart llegó a decir que Nehlen, el supremacista blanco que aspira a ocupar el asiento de Ryan, era uno de sus “héroes personales”.


Trump también ha apoyado al polémico exsheriff de Arizona Joe Arpaio , conocido por su mano dura contra la inmigración indocumentada y que ahora se postula para el Senado. El exalguacil, que dirigió cárceles similares a campos de concentración para a los inmigrantes, fue culpable de desacato por un caso de discriminación racial en contra de conductores hispanos. Pero Trump le otorgó el perdón presidencial.


El abrazo del presidente a los radicales ha dejado entreabierta la puerta trasera de la casa conservadora, por donde van entrando aquellos que un día fueron relegados a los márgenes del ring político. Si alguno de ellos consigue un asiento en sus respectivas Cámaras el próximo 6 de noviembre será una sorpresa más que engorrosa para los republicanos, que los demócratas no dudarán en usar en su contra.


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